Las víctimas están de moda

Ciudadanos acude a cada cita donde pueda victimizarse, sea el Orgullo o sea Altsasua. El PSOE intenta victimizarse en el ahogo de la conducción de la gestión minoritaria para obtener más votos del nicho pragmático de la izquierda. El feminismo apura al máximo las posibilidades de convertir a la mujer en víctima de casi todo. Podemos es víctima de la conspiración mediática. Los ofendidos usan a la víctimas para defender su ofensa y legitimar el ataque al ofensor. Hasta Vox se presenta como una víctima de cordones sanitarias y corrección política. Todo el mundo quiere ser víctima.



El prestigio de la victimización es extraño en la política-guerra donde la capacidad para poder derrotar al adversario debería ser el trapecio principal del espectáculo. Sin embargo el rol de víctima está de moda. La victimización legitima para la queja y la rebelión. El sistema bottom-up de abajo hacia arriba funciona para la alteración del statu quo y todos parecen descontentos con el statu quo. Todas las víctimas tienen en común intentar derrocar al verdugo. Y ya nadie quiere ser verdugo. El verdugo es el opresor de las víctimas, es malvado, es cruel, toma decisiones, gestiona la escasez, limita los derechos, recorta las utopías. El verdugo es un ser de un realismo implacable que ejecuta las víctimas a veces sin saberlo.

La victimización tranquiliza porque exculpa. Externalizar la culpa siempre es balsámico. Calma. Relaja. Yo no soy responsable de mis problemas. La culpa es del sistema, del patriarcado, de la derecha, de la derechita cobarda, de los progres, de la correción politica, de las feminazis. Todo el mundo parece estar contra mí lo que me convierte a la vez en una víctima y en un heroe. Alguien con la superiorida moral de decidir como debe alterarse la realidad dado que ahora es injusta porque me convierte en víctima. Da igual si otra correlación de fuerzas genera nuevas víctimas. Ahora lo soy yo y eso me da derecho a dirimir, a exigir, me da derecho a convertirme en verdugo de los verdugos. Porque soy una víctima. Y eso me da legitimidad para todo. Hasta para convertirme en verdugo. 

Entrades populars d'aquest blog

La derrota ideològica del valencianisme polític

Los niños cebra: cuando la inteligencia se convierte en un problema

La prepolítica