Bossio, el penúltimo gran stopper


Yo tuve este cromo en las manos

Hubo una época anterior al fútbol moderno en que habia jugadores en el campo que estaban solamente para destruir. Puede que fuera el ambiente de guerra fría de los ochenta lo que creo dos figuras de apoyo defensivo: el libero y el stopper. Eran dos figuras ahora extrañas y un poco olvidadas. El líbero no tenia marcaje definido, se limitaba a los cruces cuando el marcador era desbordado. Era un fútbol donde el error estaba previsto y el desborde también. Es dificil encontrar hoy en día un futbolista que sea capaz de encarar a su marcador e intentar irse. Es dificil por la consistencia física de todos los futbolistas actuales pero también por las limitaciones que pone la figura del ultraentrenançdor que pretende teledirigir el equipo desde el banquillo. Algún día deberíamos hablar sobre el daño que ha hecho Guardiola al fútbol moderno. Ya ningún entrenador permite excentricidades técnicas, locuras absurdas o gestos intuitivos. Ya todo ha sido entrenado y se traduce en una mera ejecución de los planeado.

Como decía, el fútbol de los ochenta se basaba en el error y en la superioridad técnica. El fútbol es un deporte de errores y pretender que sea perfecto es eliminar su grandeza. Antes de salir al campo sabías que habría errores, que no replegaríamos bien, que perderíamos la pelota, que nos harian superioridad; y en esa mentalidad aparecía el stopper. Justo al mismo tiempo que los escudos antimísiles. Debíamos tener alguien que no supiera que hacer con el balón más que ser un spamer defensivo que supiera leer el partido para llevar el ritmo o recuperar la pelota.
Sin duda el gran stopper del Valencia siempre será Albelda. Y seguramente algún día, si el tiempo, el ocio y la creatividad me lo permiten, usted y yo hablaremos sobre David, el gran stopper.
El sueño de cualquier central lento y racional -como yo pretendía ser- era acabar de stopper en algún momento de la temporada. Por malo que fueras suponía un ascenso. Tenías derecho a libertad de movimientos porque tu obligación era leer el partido y saber que pasará después de lo que está pasando ahora. Todo eso también se aprende en un campo de fútbol. Una lectura colectiva de futuro que intenta tapar nuestros errores. Anticipar las desgracias e intentar paliarlas. Un bombero del fútbol con agua limitada: recuperar y ofrecer el balón a alguien que sepa hacer algo mejor de lo que tú harías.
Conseguí jugar de stopper alguna vez. Quizá por eso Miguel Angel Bossio fue una especie de símbolo para mi. El urugayo que solo sabía molestar.
La imagen de su expulsión en el mundial de México no parecía ser el mejor anuncio pero al fin y al cabo era un internacional para un equipo de segunda. Y ya saben ustedes aquello de "bronco y copero" que basicamente consiste en repartir alguna leña de vez en cuando. Y Bossio sabía repartir la leña justa para no resultar un "sicario" como Arteche o el ahora de moda Juanma López.

Pronto se ganó un espacio en la épica valencianista cuando en el Camp Nou (ese espacio simbólico para los valencianos que es un templo catalán) acabó el partido sangrando con un aparatoso vendaje en la cabeza. Vencer o morir podría haber sido el epitafio de aquella tumba. Y fue vencer.0-1 en el Nou Camp. Gol de Arroyo. 

Desde el sector 27 la afición del valencia no se ve igual que desde Tribuna. He estado en los dos sitios (en tribuna siempre invitado) y nada es igual. En tribuna tienes derecho a quejarte. En el sector 27 solo tienes derecho a sufrir. En General de Pie tenías solo derecho a animar. Bossio era muy criticado por sus pases erróneos. El espectador medio solo suele ver a quien tiene el balón y desconoce el resto. Hay un fútbol invisible si miras hacia otra parte que te permite descubrir algo de inteligencia en un juego tan absurdo. Yo llegué a enfrentarme con algunos compatriotas de Mestalla por Bossio. Porque de alguna manera era yo en la vida. Intentando cubrir los espacios libres. Intentando equilibrar el equipo. Recuperar y tocar. Pelear y sufrir sin expectativa de aplauso. Nadie aplaude a quien no ve.
La tradición valencianista ha tenido buenos stoppers. Hasta donde yo llego el predecesor fue Angel Castellanos. Un futbolista con barba de profesor Bacterio cuya "fealdad" quizá seria un problema en el futbol moderno. Bossio tenia un apellido con glamour y quiso convertir Valencia en su casa en un momento del futbol en que el futbolista todavía quería tener raíces.
Miguel Angel Bossio Bastianini forma parte de aquella época que todo niño tiene en la vida en la que sabe los apellidos de los jugadores. Bueno, quizá todo niño no. Quizá solo aquellos que obsesivamente creían que cualquier motivo podía ser una fuente de curiosidad. Mestalla no miraba con los mismos ojos que yo a Bossio. Yo sabía que aportaba jerarquía, disciplina, perseverancia y solidaridad. No sé si queda algo de eso hoy en día. Seguro que sí aunque más escondido.
Por eso cuando vino a jugar a mi pueblo pensé que el autografo de Bossio seria especial para mi. Siempre he sido de minorias y pocas colas de espera. 
Miguel Angel Bossio era un jugador de botas negras. Corría más de lo que tocaba. No se le recuerda un solo regate, ni un solo gol, solo se recuerda que corría. En una época en la que el futbol se jugaba en ochenta metros y correr era una elección. Recuperar y ceder. Cubrir y ayudar. Defender incluso cuando atacamos. Era otro fútbol. El mismo deporte pero otro juego.

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