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Este año te hiciste mayor sin hacerte viejo. El laberinto de la casualidad te llevó donde nunca imaginaste y siempre deseaste Pareces condenado a llegar a la cima de pequeñas colinas para caer rodando hasta un falso esplendor en la hierba. Por lo dificil, como decías a tu tío.

Convertido en un prófugo de la injusticia, el correo del zar que lleva su propio mensaje al lado contrario de donde le ordenaron, el resistente del Alamo que siempre fuiste, el peor de los siete magnificos.
Aceptar que dedicaste demasiado tiempo a intentar encajar en un puzle al que le faltaban piezas. A levantar la cabeza para darte cuenta de tu propia presencia. Aprender a decir nunca jamás para después olvidarlo. El camino es largo y cada etapa es diferente. No importa si al final llegas al mismo sitio. Haces lo que nuna dijiste que harías y olvidas lo que un día fuiste para no morir en el lodo de la incoherencia. Los errores parecen decisiones posteriormente acertadas.

Pasaste por la ceremonia más importante de tu vida a tu estilo. Peculiar. Personal. Saltaste al precipicio del compromiso rompiendo juntos los cristales de las ventanas de lo convencional. Cada grano de arena de playa fue un segundo compartido en el reloj de aquel atardecer que amenazaba tormenta y nos regaló una luz ténue. Una luz incondicional.

Aunque sigues como siempre, sumergido entre algas de expectativas inclumplidas, de incomprensión bidireccional, de asimetrias de percepción. Por fin ya no viajas solo aunque no compartas maleta. Ella te acompaña aunque muchas veces no te entienda.

Escribes para contarte cosas cuando la memoria falle. El recuerdo de un recuerdo. Escribes para meter las palabras debajo de la alfombra no sea cosa que alguien venga a limpiar y te las quite.
Relatos de la pluma y el viento que sigues leyendo escondido detras de esa mirilla que te permite apuntar de lejos a una realidad fantasiosa.

Este año volviste a tu tierra prometida y te hiciste profeta de todo lo que sucedió en el pasado. Descubriste traidores leales y cobardes valientes. Contaste ovejas para despertar de una pesadilla. Te apuntaste al bando de los que no tiene bando.

La arquitectura de tu vida se improvisa con planos dibujados a mano. Las piedras se convierten en una manera de sentirte cerca de la tierra. Los espacios compartidos te hacen sentir un anfitrión ausente. Te atreviste a arriesgarte y a seguir tus obsesiones. Y el diagnóstico fue locura transitoria pero el resultado es un horoscopo autocumplido.

Cuando decidiste atreverte todavía no sabías a qué hacerlo. La música fue un salto con pèrtiga inesperado y benevolente. Todavía te pones rojo cuando se rien de ti. Quizá por eso te escondías detras del micrrofono. El viaje fue bonito mientras tuviste aire para soplar las velas. Cuando hubo que remar ya no te quedaban fuerzas para llegar al siguiente puerto. Ya no te quedaba aire para entonar un mea culpa. Ya no llegabas a las notas más agudas. Ya todo era escalar una catarata.

No sabes cómo la escalera de caracol acaba en el piso que nunca esperaste. Acabas por hacer lo que deseaste de una manera inesperada y caótica. Tanto que tu cuerpo va cambiando sin que te des cuenta. Hasta que te pones frente al espejo y ves lo mismo que veías pero escondido detras de unas canas. Sin cambios pero totalmente transformado. Necesitas desmontarte para entenderte. Para aceptar que nunca llegarás a ser lo que nunca quisiste ser.

La tristeza sigue ahí siempre. Acechando. Esperando en la almohada a que te acuestes sobre ella.
Desde aquella infancia feliz, ausente de miradas ajenas, llena de ingenuidad metida en sobres de  cromos intentas parecerte a casi nadie. Desde esa mirada de niño triste te deseo que la razón no nuble tus sentidos. Y que el sentido de nada nuble tu razón. 

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