¿Se está usando el feminismo como ideología de catarsis?

Una de las parábolas de resistencia más conocidas es la de la rana hirviendo. Consiste en que se si se lanza una rana a agua hirviendo saltará inmediatamente huyendo de la temperatura. Sin embargo, si vas subiendo poco a poco la temperatura del agua en la que está la rana probablemente no se dará cuenta de la subida de la temperatura y morirá ahogada.
Esta parábola me sirve para ejemplificar lo que es una ideología de catarsis. Cuando el agua de la rana hierve se forma vapor y puede hacer explotar la olla. Por eso se le puede permitir a la rana tener alguna pequeña escapatoria de manera que la temperatura se mantenga constante, la olla no explote y la rana no muera.
Las ideologías de catarsis sirven para ofrecer una salida al adversario de manera que se sienta vencedor en algún espacio mientras se delimita claramente el escenario y el resultado del conflicto planteado.

En anteriores post reflexionaba sobre el hecho de que el feminismo está recibiendo un trato de favor como ideología por parte de las élites dirigentes y las interacciones de poder. De hecho, se está integrando dentro del paradigma cultural dominante como algo socialmente aceptado. Esto forma parte de la lógica ya que es una ideología de emancipación y liberación que por lo tanto solamente puede ascender hasta ocupar totalmente su espacio. Sin embargo, de la misma manera que todos los actos tienen efectos colaterales no esperados algunos movimientos sí que permiten saber cuáles son sus efectos colaterales. Hablábamos en otros post de un posible repunte machista en España frente a la nueva concepción del feminismo mucho más agresiva y conflictual en términos de lenguaje y de acción. Algunos expertos ya alertan de ese fenómeno que podría explicar por ejemplo los niveles de violencia de género en paises donde la emancipación femenina fue un conflicto planteado hace muchos más años. Cuánto más acorralado está el machismo más coletazos violentos puede pegar.

Ese trato de favor que está recibiendo el feminismo tiene mucho que ver con su giro ideológico hacia lo burgués-liberal. De una ola de feminismo preocupada por abrir campos de oportunidades a las mújeres (you can do it) hemos pasado a una ola de feminismo de mentalidad más conservadora que sitúa a la mujer en un escenario de constantes peligros y riesgos (ten cuidado). El foco más importante de esta nueva ola de feminismo está en la violencia de carácter sexual frente al feminismo clásico de liberación de la sexualidad femenina. Simplemente subrayo el cambio de etapa ya que ambos feminismos tienen razones objetivas para existir y reclamarse.

Las élites han asumido el nuevo feminismo desde la comodidad de saber que no cuestiona el sistema económico ni la jeraquia establecida.  En todo caso la podría feminizar pero los valores de la empresa como unidad ontológica que da sentido al capitalismo y los valores del sistema de mercado liberal permanecen incólumes. De hecho, para la derecha social el feminismo es una ideología cómoda en tanto permite esconder y atrapar de manera transversal los conflictos de justicia, cohesión y desigualdad social. Aparentemente puede resultar lo contrario ya que el feminismo trata de combatir injusticia y desigualdad pero lo hace desde una perspectiva identitaria y parcial. La desigualdad que pretende combatir es relativa y no absoluta. Se pide la igualdad salarial incluso -añado yo- cuando los salarios son ridículos. No se cuestiona el dogma global sino el dogma parcial. Mismo sueldo para mismo trabajo frente a un genérico sueldo digno para trabajo digno.

Una ideologia de catarsis sirve de catarsis, es decir, de terapia colectiva. El sistema conoce que el vapor se acumula y el sistema puede estallar y deja escapar una columna de gas por alguna parte. Pero ¿Por qué el feminismo?

El feminismo es un elemento constitutivo de la identidad y los fenómenos identitarios siempre consiguen esconder otros conflictos latentes. Lo postmaterialista suele esconder los conflictos subyacentes con cierta habilidad.
Además, el feminismo es transversal. Eso quiere decir que une en una misma comunidad a personas de diferentes clases y condiciones con intereses incluso contrapuestos. Feminista es la dueña de un hotel y la que limpia las habitaciones y ambas pueden sentirse unidas. En un mundo tan fragmentado la creación de comunidad genera una extraordinaria sensación de confort. Un buen ejemplo se ha producido hoy 1 de Mayo donde todos los medios han querido situar el vector feminista al mismo nivel que el sindical-laboral. Es la mejor manera de difuminar el papel de conflicto que puede suponer la movilización del 1 de Mayo.

Por último, y creo que muy importante, el feminismo se ha asociado de un tiempo a esta parte con los sucesos violentos y la agresividad masculina. De hecho el 25 de noviembre ya se encuentra al mismo nivel que el 8 de marzo como fechas feministas. Cualquier persona decente ha de estar en contra de la agresión y la violencia especialmente contra personas más débiles físicamente. La cuestión es que esta asociación, que el feminismo defiende con toda la razón del mundo, permite al poder gestionar su propio espectáculo de la muerte. La muerte nos paraliza y nos deja conmocionados a tal nivel que no podemos pensar en otra cosa. La muerte es un golpe tan bajo que nos narcotiza invadidos de lástima, tristeza y solidaridad con las víctimas. Para el marco político pensador conservador la maldad y la muerte son una energía que permite un estatismo eterno. Todo el mundo está contra la muerte y más ahora que la vida vale mucho más de lo que valía en la España de los 50 o los 70. La muerte crear un marco de debate favorable al pensamiento conservador especialmente si se remite a la pena como elemento básico de reproche social. La muerte permite fijar la atención y actuar como elemento de profusión informativa de manera que un impacto informativo relacionado con la muerte genera mucha más huella emocional que cualquier recorte presupuestario. La esencia humana es así.

Esto no significa que el feminismo sea consciente de ser consentido y privilegiado por estas razones. De hecho imagino que la mayor parte del feminismo simplemente detectará que está adquiriendo el merecido respeto y espacio por el que lleva peleando tantos años. Pero lo cierto es que medios de comunicación que son absolutamente beligerantes con cualquier indicio de cambio social o inversión jerárquica son muy benevolentes con las tesis feministas. Y por otro lado, el recientemente inaugurado periodismo militante de izquierdas incluso pierda la profesionalidad cuando se trata del apoyo al feminismo informando de manera inmersiva y calificativa. La creación de un discurso tan abiertamente feminista sin dialéctica (no hay contraparte) es como mínimo sospechosa de estar siendo usada como ideología de catarsis. Esa ideologia que hace parecer que todo cambia para que nadie cambie.


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