La manada somos nosotras

Puede que este eslogan sea el que mejor ejemplifica uno de los virajes más importantes del feminismo en esta nueva ola. Usa el mismo concepto que los agresores para responder en la agresión lo que supone comprar y situarse en el mismo marco: la inclusión dentro de un grupo como mecanismo de protección y ataque. También convendría analizar el "nosotras" que subraya los nuevos espacios "no mixtos" de interacción ideológica que exige el nuevo feminismo.

El concepto de la pena como venganza es un marco conservador antiguo. Es el más usado dentro del marco general del orden frente al caos, la seguridad frente a la inseguridad y el control frente a la libertad. Las mentes conservadoras prefieren siempre la represión a posteriori que la educación a priori. Ese es un marco general que hacía mucho tiempo que no usaba la izquierda. De hecho la izquierda se ha aproximado al fenómeno delictivo desde la educación y la cohesión social. Era una perspectiva social que indicaba que eran determinados condicionantes sociales los que hacían que una persona optara por una conducta desviada. Por tanto, había que trabajar estos condicionantes sociales para reducir las probabilidades de acceder sin censura social ni autocensura previa a conductas desviadas.

Es curioso como en menos de un mes los mismos partidos políticos y los mismos colectivos hayan pasado de usar el argumento de la pena con finalidad educativa y la educación como prevención de la pena para rehusar la prisión permanente revisable hayan entrado en furia pidiendo una mayor represión de un determinado tipo de delito (la violación). Parece que el conjunto social pide una mayor calificación jurídica para los delitos de naturaleza sexual y una mayor pena o reproche social.

Esa aspiración es legítima. El Derecho Penal no es algo estático pero en Derecho Penal existe el principio de proporcionalidad que actúa de dos maneras: frente al propio acto delictivo cometido y frente a otros bienes jurídicos protegidos. Podemos considerar que un delito lo es cuando violenta un bien jurídico protegido. Los bienes jurídicos protegidos pueden ser la integridad física, la vida, la propiedad, la libertad sexual. Entre esos bienes jurídicos debe existir un cierto equilibrio y jerarquia de manera que podemos convenir que la vida podría estar en la cúspide y después habríamos de ir situando al resto. Pues bien, un aumento de pena de los delitos de naturaleza sexual podría situar la libertad sexual por encima de la vida lo que no parece muy congruente. Eso es relativamente fácil de resolver subiendo las penas para los delitos contra la vida y la integridad física. Y todo eso nos situa en un marco de subida generalizada de penas que es un marco ganador para el segmento más conservador de la sociedad que entiende la pena como una venganza y una situación paliativa social que separa al agresor de la sociedad. La moral del padre estricto castiga.

No es la primera vez que el neofeminismo intenta sin éxito un cambio legislativo de tipo específico. Así, en el caso de Juana Rivas insistía en la privación de la patria potestad para los padres maltratadores. La privación de patria potestad está prevista para diferentes delitos y es una decisión potestativa de los jueves en cada situación. Eliminar la patria potestad para los padres condenados por violencia de género pero permitirsela a un asesino de "no género" o un "narcotraficante" o un "secuestrador de no género" parece algo desequilibrado. El nivel de reprochabilidad social parece el mismo lo que de nuevo nos mete en un marco generalizado de aumento de pena para los hombres violentos (el 90% de la población reclusa).

La opción por el cambio legislativo con aumento de reproche social y pena es una opción ideológica. Otra opción ideológica alternativa podria ser optar por una perspectiva de género masculina respecto a los delitos sexuales y violentos. Parece bastante evidente que los hombres tenemos un problema de control y gestión de la agresividad que no tienen las mujeres cuyos delitos se alejan de la violencia. Un enfoque igualitario de género crearía estudios y recursos educativos solo para chicos donde pudiéramos aprender a gestionar esa agresividad, identificarla, controlarla y canalizarla. Desconozco si es una cuestión biológica (testosterona) o si es una cuestión cultural. Seguramente son las dos cosas pero la cuestión es que los hombres tenemos algunos problemas específicos que los estudios de género no están recogiendo. No solo la agresividad también tenemos una mayor tendencia a las obsesiones y las adicciones por tanto. Tratar de manera segmentada o no mixta como usa ahora el neofeminismo podría ser una manera de cambiar la perspectiva en un fenómenos que no parecen resolverse.
Por ejemplo, las estadísticas de violencia de género permanecen en una franja parecida desde hace más de una década incluso con algun repunte. El enfoque cultural de protección a la víctima no está funcionando. Quizá un enfoque cultural-social hacia el agresor funcionaria mejor. Alguien podría decir que eso supondría estigmatizar a todos los hombres como agresores. Lo cierto es que eso ya está sucediendo de manera indirecta ya que al estigmatizar a todas las mujeres como hipotéticas víctimas se está señalando por pura dialéctica a los hombres como potenciales agresores. En todo caso el estigma y rol de víctima permanente que usa el neofeminismo para situar a las mujeres también es un estigma con efectos psicosociales.

En resumen, si el conjunto social y jurídico está de acuerdo en una subida de penas generalizadas a mi me parece correcto. Puede que nuestra sensibilidad social hacia la violencia haya subido algunos escalones respecto a aquella España de los ochenta más brutal y pobre en todos los aspectos. Sin embargo, me parece que el enfoque cultural-patriarcal se queda corto para atajar el problema y que otros enfoques como el social (desigualdad social y brecha cultural) y la perspectiva de género masculina podrían aportar mucho más que la actual simplificación de "la manada somos nosotras".

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