¿Por qué va a haber un rebrote machista en España?

Cualquier acción genera cambios en el entorno en el que se produce. Por tanto, genera reacciones. En el momento en el que se inicia la acción algunas de las reacciones pueden ser previsibles y deseadas y otras reacciones pueden imprevisibles y no deseadas. En el mundo ideológico el movimiento pendular en base al juego acción y reacción ha sido muy frecuente a lo largo de la historia. A los "locos" sesenta les siguieron los "rígidos" ochenta. El periodo anterior a la Guerra Civil española o el periodo posterior a la Revolución francesa son ejemplos de que los elementos antagónicos ideológicos interaccionan por el dominio del poder. 

Bajo este prisma y en su parte positiva existe la posibilidad de medir el alcance de las acciones para poder medir mejor el alcance de las reacciones. Todo ello sin negar que muchas veces es necesaria una acción rotunda para generar cambios sociales incluso conociendo cuáles van a ser las reacciones del poder frente a esa pretensión de eliminación de privilegios.
No es la primera vez a lo largo de la historia que se intenta de despojar de privilegios a un colectivo. Y tampoco será la primera vez que se tenga que hacer a la fuerza dado que el ser humano no es proclive a regalar su posición dominante ante congéneres en ascenso.

En definitiva, el feminismo puede trazar las estrategias duras o blandas que considere convenientes para conseguir cambios sociales profundos y rápidos. Pero también es cierto que determinadas estrategias generan cambios de estrategia en sus antagonistas y en lugar de favorecer los cambios los ralentizan o incluso los dificultan/imposibilitan.

Mucha gente se pregunta por qué el mismo país del "#metoo" está gobernado por un machista declarado como Donald Trump. Todos los movimientos ideológicos tienen una zona ciega. Un espacio a su espalda que son incapaces de ver. El feminismo no es una excepción. Es imposible deshacerse de la zona ciega pero es posible calibrar su tamaño a base de observación, espionaje y escucha.

En mi opinión las nuevas estrategias más radicales del feminismo van a traer un rebrote machista de la misma dimensión. Escribo esto mientras se desarrolla en la calle una huelga general femenina y feminista cuyo trazado sirve para ejemplificar la argumentación. De alguna manera es el colofón a un proceso vertiginoso de ultraempoderamiento que ha variado la composición, intenciones y finalidades del movimiento feminista y que a corto plazo va a disgregar el movimiento en muchos pedazos.

Las nuevas estrategias feministas tienen algunos puntos claves que conviene analizar:

  • La exclusión de los protagonismos y en ocasiones (no siempre) las complicidades masculinas. El feminismo clásico era inclusivo (permitía la inclusión) e incluyente (buscaba la inclusión) del elemento masculino. El neofeminismo ha dictaminado que a la huelga general, por ejemplo, solamente estén llamadas a participar las mujeres por la mayoría convocante. Los hombres solamente están convocados por los sindicatos CCOO y UGT. Esta exclusión o subordinación puede interpretarse de diferentes maneras por el género masculino. Algunos pueden considerarse no protagonistas pero participantes, otros pueden considerarse no convocados-pasivos, otros pueden considerarse no concernidos y otros pueden considerarse agredidos. En todo caso, lo que sí que se abre es un eje nuevo entre género baso en la asimetría. Hombres y mujeres no son iguales para el feminismo como movimiento ideológico. De manera que se da la paradoja de que para buscar la igualdad no se construye un parámetro de igualdad dentro del movimiento que la pide. Surge -por tanto- una segregación de género interna aunque la finalidad externa sea una integración de género. En términos individuales ya he comentado que las respuestas pueden ser varias pero en términos colectivos y grupales las respuestas casi nunca son la suma de las respuestas racionales sino una interacción colectiva. Si muchos hombres optan por sentirse (subrayo el verbo sentir) no concernidos o agredidos el movimiento igualitario tendrá un problema muy grave. 
  • El tono de la reivindicación. Hasta ahora el tono escogido por el feminismo fue un tono de perfil medio, a mitad de camino entre lo solemne y lo festivo, entre la alegría y la tristeza, entre el empoderamiento y la recriminacion. Obviamente firmes y tristes frente a la violencia y también lúcidas y positivas ante los nuevos retos. La huelga general de 2018 supone un cambio de tono. Si el movimiento feminista había conseguido ser el más transversal de los movimientos postmaterialistas de finales del siglo XX, esa transversalidad se ha roto a favor de un feminismo nuevamente patrimonializado por la izquierda más combativa y agresiva. Efectivamente el tono de feminismo se ha subido tanto en sus campos semánticos (hago lo que me sale del coño que escribía Moderna de Pueblo o los artículos de Barbijaputa) como en sus expresiones de conflicto institucional. El vector de la agresividad no había estado presente en el discurso feminista clásico mucho más apoyado en la seducción para conseguir la mayor transversalidad posible. De alguna manera, la subida del tono conduce inevitablemente a un ruptura de la transversalidad. Hasta este año los actos del 8 de marzo eran unánimes. Institucionalmente incluso. Ya veremos si el año que viene no existe una disgregación de maneras de celebrar o conmemorar la "díada" feminista. El aumento del volumen es evidente y subir el ritmo en una carrera de fondo hacer que algunos participantes y participantas puedan quedarse atrás. 
  • La victimización del género femenino. El feminismo clásico situaba a la mujer ante un horizonte de retos y oportunidades. El neofeminismo la sitúa en un horizonte de peligros, miedos y conflictos. Se trata de dos concepciones diferentes. La psicologia del rol confirma que cuando una persona recibe una etiqueta en forma de rol tiene tendencia a comportarse como tal. El experimento de Stanford fue el más conocido y es suficientemente elocuente. Situar a las mújeres en un ámbito permamente de alerta y conflicto no favorece el crecimiento de una autoestima  colectiva sana. Si a una persona se le repite mil veces que es o puede ser una víctima actuará como tal aumentando sus niveles de alerta, de miedo y de ansiedad colectiva. El ámbito del flirteo puede ser el primero en entrar en pánico colectivo ya que los límites o las fronteras de lo permisible no solamente estan en redefinición (que siempre lo están) sino que actualmente son completamente asimétricos y atomizados. Sin embargo, aún existe otro peligro añadido. Situar un género en el ámbito victimario implica por antagonismo hegeliano acaba por vincular al otro género en el rol de verdugo. Esto resulta injusto para las dos partes y no favorece los vínculos colaborativos para establecer un paradigma de igualdad. 
  • La construcción totalitaria de la ideologia. No se trata de una concepción autocrática sino totalizadora, es decir, aquella ideología que impregna el todo desde la parte sin recordar la contraparte e incluso el público espectador e indeciso. No tener en cuenta la alteridad es frecuente en todos los movimientos ideológicos extremos y polarizados. Es evidente que la finalidad del feminismo es totalizadora en cuánto a que pretende totalizar la igualdad. No es esa la cuestión sino si la velocidad y la densidad son de parte o del todo. La huelga se declara anticapitalista lo que ha dejado una puerta abierta para escapar a Ciudadanos por ejemplo. También es una huelga que excede lo laboral lo que en puridad jurídica la convierte en una huelga política en sentido estricto. Es evidente que todas las huelgas son política en sentido amplio pero algunas lo son en sentido estricto. Así por ejemplo, la huelga general se produce en España mientras el resto de países de nuestro entorno se traduce en paros parciales. Alguien puede entenderlo como una especie de vanguardia pero también es interpretable como un exceso típicamente español. No parece que la situación de las españolas en la cuestiones reivindicadas por la huelga sea muy diferente de las portuguesas o las italianas por hablar en términos mediterráneos. 
  • Medir la proporcionalidad. Cuando alguien organiza y planifica una acción reivindicativa debe medir bien los medios disponibles,  las finalidades buscadas y la ratio entre esos dos elementos. Organizar una huelga general en el 2018 sube el tono al nivel huelga general de manera que, en teoría, si subsisten los motivos en el 2019 debería haber otra huelga general y así hasta resolver la cuestión. Sabemos que no será así pero técnicamente debería serlo. En términos ideológicos la huelga general (resistencia pasiva) es el tope de las movilizaciones pacíficas. Por encima de eso ya no hay nada con lo que hay que medir muy bien cuándo se usa. Los sindicatos saben de esa necesidad de medición y por eso han convocado paros parciales. 
  • Gestión de las expectativas y las frustraciones. El hecho de hacer una apuesta de tal calibre, sin contar con los hombres y con la voluntad grandilocuente de hacer historia genera unas expectativas muy altas. El 15M ya las produjo y su digestión ha sido mucho más modesta que lo que prometía. Insisto en que cada movimiento tiene derecho a construir expectativas y a generar decepciones pero el camino de ida y de vuelta puede dejar muchas huellas en el camino. 
  • El cálculo del rigor. Para quien suscribe esta argumentación la pureza y el estudio de los posicionamientos es muy importante. Sin embargo, cuando un movimiento ideológicos de populariza acaba por vulgarizarse necesariamente. Así esta huelga general es convocada por organizaciones no sindicales que buscan el amparo legal de sindicatos minoritarios. Esa ola arrastra a los sindicatos mayoritarios que intentan ceñirse al rigor construyendo paros parciales con finalidades exclusivamente laborales. Mientras tanto el movimiento general menosprecia los fundamentos jurídicos (la huelga general es un mecanismo de derecho laboral para canalizar reivindicaciones laborales) y se orienta a una huelga multicausa donde todas las causas suman para conseguir adeptos. Hablamos de las causas pero tampoco las finalidades se hila muy fino. Así por ejemplo. ahora se pide una Ley de igualdad salarial sabiendo que ninguna norma consitucionalimente aceptada permite que en España haya normas discriminatorias en material salarial y que los convenios colectivos son negociados por las organizaciones convocantes. Pero el eslogan funciona. Sucedió lo mismo con el caso Rivas en verano cuando se pidió la eliminación de la custodia para los maltratadores y solamente para ellos. De manera que en el código penal conviviría una norma que diría que un maltratador no mantiene el derecho de custodia mientras un asesino de otra persona del mismo género podría mantenerla. Es una característica muy común en la nueva izquierda el uso de sofismos (no diré demagogia) para envolver un mensaje entrando al juego de si el fin es bueno en sí mismo algunos medios feos deben tolerarse. 
  • La ansiedad ideológica. La posibilidades de influencia sobre el poder de la izquierda en España desde los años 90 han sido breves paréntesis ideológicos. Esto ha generado dentro de la izquierda una especie de urgencia y ansiedad ideológicas. El problema de la ansiedad ideológica es que implica mucha velocidad y no todo el conjunto social puede asumir esa velocidad de cambio. Sucede con la peatonalización en Valencia que parece una carrera de velocidad antes de que se acabe la legislatura y sucede con el feminismo que exige cambios profundos e inmediatos. Y los cambios sociales si quieren ser profundos no pueden ser inmediatos. Esta urgencia y velocidad se puede relacionar con otro principio de estrategia básico que el nuevo feminismo parece desconocer. Si no dejas escapatoria al adversario le obligas a pelear mientras que si dejas algún hueco podrá simplemente huir y podrás ganar sin lucha. Así por ejemplo, los niveles de violencia de género en los países escandinavos son muy altos a pesar que la mujer ocupa niveles de igualdad insólitos en el resto del planeta. Este hecho podría explicarse a partir de rebrotes por no asimiliación de la velocidad en el cambio. Los machistas se quedan atrapados y responden de la única manera que conocen ante un empoderamiento femenino repentino, más agresivo (o con más tono)  y menos incluyente. 
En definitiva el nuevo feminismo ha optado por una no coparticipación en igualdad sino una subordinación masculina dentro del movimiento feminista, por un tono mucho agresivo y por tanto menos transversal, por una construcción de parte del conjunto social (sin dialéctica), por una apuesta máxima conceptual (un todo o nada) en la movilización que deja sin margen el futuro, por una construcción maximalista de las expectativas en cuánto a la densidad y la velocidad del cambio y, finalmente, por una laxitud en el rigor y la formalidad de los planteamientos. Esta es la configuración actual del feminismo dominante. Las consecuencias a medio plazo pueden ser: 
  • Disgregación. Ya hay feminismos marcados pero se marcaran mucho más hacia matices y formas de entenderlo. En Francia ya han surgido opciones que subrayan el intento de totalización del puritanismo feminista de tradición anglicana y protestante pero pronto en España surgirán muchos matices feministas que de alguna manera atomizaran el movimiento. La disgregación abre grietas en cualquier movimiento y genera confusión porque en el mundo de la infoxicación todo lo complejo desaparece. 
  • Reacción machista. El género masculino está gestando ahora una contrarevolución. Tardará un tiempo pero de la misma manera que ahora vivimos en un anti15M viviremos un momento de respuesta al actual neofeminismo español de 2018. Ahora mismo es imposible racionalizar esta situación porque vivimos sumergidos en una masa enfurecida emocionalmente secuestrada. Además cualquier movimiento ideológico tiene derecho a gestionar sus tempos y liderazagos. El feminismo tiene derecho a cometer sus excesos. Faltaría más. El problema es que la respuesta del patriarcado puede ser muy intensa porque el machismo no se caracteriza por ser sutil. Si muchos hombres se sienten agredidos o recluidos, detectan división, se sienten ahogados por medidas de discriminación positiva que "asaltan" la libertad, si no asumen la velocidad de los cambios exigidos y si no se les ofrece alternativas atractivas a la lucha mediante la obtención de beneficios a cambio de privilegios; responderán con violencia física y estructural. Mejor dicho con más violencia física y estructural. El "procés" condujo al "a por ellos" porque siempre hay dos partes en liza y una de ellas o las dos puede tener la tentación de usar la fuerza. 

En conclusión, los movimientos ideológicos no se configuran por azar ni son consecuencia de fenómenos climatológicos. El movimento feminista ha sido tomada por la nueva izquierda surgida del 15M que ha tenido su canalización a través del fenómeno Podemos y aledaños (mareas, olas..). Esta nueva orientación tiene unas características concretas y nuevas que pueden conducir a respuestas nuevas de intensidad imprevisible. Quizá conducir el feminismo con otro perfil podría generar otro tipo de respuestas. Pero eso no lo sabremos porque las cosas son como son. 

PD: Los valencianos sabemos mucho de este juego acción-reacción. Durante la transición vivimos una etapa histórica de división identitaria propiciada por el hecho de que un autor (Joan Fuster) propugnara una forma de entender la identidad valenciana sin precedentes y alejada de lo propugnado por coétaneos como JF Mira o Sanchis Guarner. Incluso Ernest Lluch. Esa acción fusteriana desató una reacción retrógrada de la que todavía estamos intentando salir con escasa fortuna. Si el movimiento valencianista a partir de los sesenta se hubiera asentado sobre otras bases quizá hubiera sido más cercano al caso catalán o vasco. Quizá. Això, no ho sabrem mai. 

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