Huelgas feministas y otros fenómenos políticos paranormales

Viví las dos anteriores huelgas generales de 2010 y 2012 como sindicalista. No es que estuviera en el epicentro de la movilización pero estaba lo suficientemente cerca. También viví ambas huelgas como estudiante de Comunicación Audiovisual y pedí hacer un trabajo sobre el tratamiento informativo de las huelgas generales. El tratamiento informativo de la huelga feminista ha sido inusual, tan deforme como lo fueron los tratamientos informativos de las anteriores huelgas aunque en un sentido divergente. El tratamiento informativo ha sido extraordinariamente benevolente con la huelga feminista lo que resulta como mínimo extraño ya que el poder y las élites dirigentes no suelen ofrecer amabilidad a aquellos movimientos que cuestionan el sistema.

Pero no solamente el tratamiento informativo ha sido peculiar sino que la misma composición y arquitectura de la movilización merece un estudio detallado para ver qué está pasando con el fenómeno de la movilización ideológica o activismo político.



Para analizar la cuestión nos centraremos en los siguientes aspectos:

  • La huelga general no era general, es decir, no estaban llamados todos los trabajadores sino solamente las mujeres. Evidentemente ninguna convocatoria puede transgredir en su texto la constitución sin embargo de facto se pedía que no participaran los hombres de manera directa. De alguna manera existe por tanto una asimetría que puede entrar dentro de la discriminación positiva pero que también puede ser interpretado como un paso atras en la estrategia feminista respecto al papel del hombre en la lucha por la igualdad. Es una cuestión peculiar la de pedir la no participación de sectores interesados. Además, esta llamada ha generado una aparente contradicción ya que mujeres que no se movilizaron cuando las huelgas fueron generales y contra reformas laborales que afectaban a todos esta vez se han movilizado. Esto quiere decir que cuando la movilización es genérica parece generar menos adhesión que cuando la movilización es segmentada. De alguna manera esas mujeres sí que se manifiestan contra la precariedad femenina y la brecha salarial pero no contra la precariedad general. 
  • El esquirolaje de valor. En las huelgas generales uno de los objetivos de los convocantes es que los trabajos no estén hechos y por tanto que se produzca una auténtica paralización. En el caso de la huelga feminista se pedía a los hombres que se encargaran de los trabajos no hechos. Es cierto que cada segmento lo intepretó de una manera y algunos visibilizaron más las ausencias que otros con huecos pero en general se produjo una simple sustitución de unos trabajadores por otros. Esto en una huelga general normal simplemente está prohibido legalmente.
  • La huelga feminista es convocada por un ente de baja legitimidad democrática. La batalla por la legitimidad es la primera batalla que se libra ideológicamente en una huelga general. La primera batalla es la de la representatividad y los sindicatos habitualmente se ven sometidos a examen de afiliación y elecciones sindicales para determinar si pueden o no pueden convocar la huelga. En el caso de la huelga feminista el ente convocante no tiene afiliación ni se ha presentado nunca a unas elecciones de ningún tipo. Ni siquiera tiene legitimidad legal para convocar al no ser un sindicato. Es más, ni siquiera se conoce su nombre porque la convocatoria se ha traducido en una convocatoria del "feminismo" como si el feminismo no tuviera estrategias ni liderazgos y fuera una "idea convocante". El fenómeno de la idea convocante es algo totalmente nuevo y la difuminación del ente convocante entre legitimidad ideológica y legitimidad legal también lo es. En todo caso, la batalla de la legitimidad ha sido completamente inexistente. 
  • La huelga general estaba convocada por sindicatos minotarios y más extremistas que los dos sindicatos mayoritarios. CC.OO y UGT que optaron por convocar paros parciales. Sin embargo, el contenido global de la movilización ha sido de huelga general. Esto quiere decir que las organizaciones sindicales convocantes fueron un simple vehículo de un ente convocante. Por tanto, quién convoque la huelga -un hecho crucial en la teoria clásica de las huelgas- parece haber pasado a un segundo plano. Ana Rosa Quintana por ejemplo ha secundado una huelga convocada por la CGT y la CNT. Sorprendente. 
  • La huelga general es una huelga política ya que se convoca para conseguir objetivos extralaborales. La teoría clásica de la huelga -al menos la puridad jurídica- exige que sea un mecanismo laboral con objetivos laborales. De hecho, una de las principales críticas que reciben todas las huelgas laborales es que son huelgas políticas, o sea que van más allá de lo laboral. Sin embargo, esta ha recibido poco peso político y ningún peso mediático en ese sentido. Es un caso singular de construcción del relato político que solamente se explica por el dominio que el feminismo ha conseguido introducir en el mundo mediático de élite. 
  • La huelga general se convoca para conseguir resultados abstractos o dispares. De alguna manera la concreción de la finalidad siempre ha sido el gran barómetros del éxito de una huelga, sin embargo, en esta huelga la idea central ha sido una abstracción de los objetivos muy dispares entre sí (desde violencia de género que es una cuestión de seguridad ciudadana hasta brecha salarial que es una cuestión laboral pero difícil de resolver desde el gobierno ya que pertenece a la negociación colectiva). Esta abstracción y disparidad impide medir exactamente la utilidad de la huelga. Salvo que la finalidad de la huelga fuera obtener visibilidad en cuyo caso sí se puede medir y la huelga ha sido un rotundo éxito. Desde el punto de vista político veremos si alguna de esas finalidades se empieza a resolver. Y veremos también como reacciona el cuerpo político feminista ante esa no resolución. 
  • La huelga general carece de contraparte. Otro elemento fundamental de la huelga clásica es saber exactamente a quien se le pide que resuelva la cuestión. La huelga feminista se constituye como una huelga abstracta ya que muchos de sus elementos causales son sociales, educativos y colectivos indirectamente relacionados con el ejercicio del poder político. No es que no sean políticos -que todos los son- es que las competencias son dispersas y las posibilidades de actuación son necesariamente colaborativas entre lo privado y lo público. Acabar con el machismo estructural no es una tarea que se pueda focalizar en el gobierno ni en un gobierno coyuntural sino un trabajo constante de todas las administraciones, empresas y segmentos poblacionales. En una huelga se sabe quién debe hacer un paso atrás o un paso adelante sea la patronal o el gobierno con una medida legislativa como una reforma laboral. En la huelga feminista nadie parece darse por interlocutado. Nadie parece sentirse aludido para asumir el resultado de la huelga. Esto constituye un espejismo ya que una movilización que parece tener éxito solamente obtiene visibilidad en lugar de resultados políticos. 
  • La huelga feminista es la segunda huelga de élites en menos de un año. Incluso podríamos decir que traspasa el fenómeno de huelga de clase o huelga trabajadora para aparecer como cierre patronal parcial. No es que no participen las bases o las clases trabajadoras simplemente es que el liderazgo es ejercido por personas que forman parte de las élites dirigentes y los protagonismos en cualquier huelga son importantes. No es igual que Francino o Pepa Bueno paren el programa a que no lo paren. La primera vez que esto se vio en España (en democracia) fue en Catalunya donde una huelga general fue secundada por instituciones y empresas de manera gozosa como mecanismo de visibilidad global. Una huelga de élites es una huelga de privilegiados que otorgan su posición al servicio de los objetivos de la huelga. Algunas empresas de comunicación valencianas como Levante o Provincias incluso publicaron fotos enorgullenciéndose del seguimiento de la huelga cuando en anteriores huelgas generales persiguieron su adhesión. La benevolencia patronal es otro caso singular, como si la ola feminista fuera inofensiva o -alternativamente- simplemente imparable y fuera mejor ponerse de perfil que de frente. 
  • El tratamiento informativo ha carecido de profesionalidad y rigor como los anteriores pero en un sentido diferente. Por un lado no se ha producido ninguna guerra de cifras habituales en las huelgas generales. Ni siquiera la guerra del consumo eléctrico que parecía una manera objetiva de medir. Los datos de participación facilitados (todos de parte) no se han puesto en titulares ni han sido precisos (miles de mújeres, movilizazión multitudinaria.. ). Se han usado expresiones vagas para construir un relato de éxito que los números desmienten en cuánto a la huelga con seguimientos nunca superiores al 20%. Los paros han sido otra cosa ya que han tenido cifras de seguimiento -parece ser- muy superiores y desde luego las manifestaciones sí que han sido un rotundo éxito. Sin embargo, esta falta de matices es informativamente poco rigurosa. Por otro lado un análisis de contenidos daría mucho de sí con campos semánticos de primera persona del plural y de perfiles medios y altos como "orgullo, paramos..etc..." que solamente eran frecuentes en anteriores huelgas en las fuentes cercanas a las organizaciones convocantes. Destacaría el uso de la primera persona del plural que es especialmente señalado en las facultades de comunicación como el elemento a corregir ya que el periodista debe separarse de la realidad que cuenta para intentar construir un relato objetivo y aséptico. La primera persona del plural incluye al periodista en la realidad que cuenta lo que constituye una anomalía periodística que hasta ahora solamente había visto en el periodismo deportivo. 
  • Del tratamiento informativo seguramente lo que más ha destacado es el interés mostrado por la profesión periodística en este tema. Es un sector muy feminizado y es lógico que las causas de la huelga afecten de una manera severa pero no es menos cierto que el mayor problema de las redacciones no es la brecha salarial sino la precariedad en empleo y el nivel salarial. Los y las periodistas tienen contratos de mierda con salarios de mierda pero solo se han movilizado de manera visible y general por la brecha salarial. Esta segmentación ideológica en ese sector es muy llamativa. 
  • Por otro lado ha quedado claro que el sector determinante para el éxito de una huelga no es -como decían los clásicos- el transporte y movilidad a primera hora y la industria y la administración públicas por la mañana. El sector determinante para gestionar una huelga de éxito son los medios de comunicación. Si las personas trabajadoras de los medios se toman interés en explicar los motivos y en secundar la huelga la garantía de éxito es total. Da igual si paran los puertos o las grandes industrias, si para Zappeando o Ana Rosa Quintana la huelga es un éxito. En la sociedad de la información para una sociedad significa parar la comunicación. 
  • El mejor ejemplo de tratamiento informativo sesgado en las anteriores huelgas generales era la focalización de incidentes. Las redacciones buscaban lo que fuera que estuviera ardiendo para abrir informativos con incidentes. Recuerdo perfectamente un cámara de televisión que nos siguió una hora por el centro de Valencia para grabar cualquier conato de fuerza. En esta ocasión los incidentes no han ocupado ni una sola linea informativa siendo cierto que tampoco han existido de manera general. Y esto tiene relación con el siguiente punto. 
  • El tratamiento policial ha sido paternalista. En todo conflicto laboral existe un pacto tácito entre policía y organizaciones movilizadas. La policía permite un cierto grado de tensión e interviene en un cierto nivel para conjugar el derecho a hacer y a no hacer huelga. Pero lo que está claro es que la policía tiene instrucciones de que haya incidentes y de que carguen en determinados momentos. Recuerdo un momento especialmente despótico en la huelga de 2010 cuando un chico lanzo una bandera de plástico a un furgón de la policía que circulaba por Colon a toda velocidad. El furgón frenó súbitamente y bajaron seis policías que arrinconaron a un chaval que no tendría más de 20 años contra la furgoneta para identificarlo y -atención- llevárselo detenido. Ayer la policia protegía a las huelguistas en el centro de Valencia y cuando se producía algún altercado (ver foto de Eva Mañez) intervenía con enorme paternalismo. Y ese paternalismo no deja de ser una metáfora no buscada del propio machismo que combatía la huelga. 

Estamos ante un fenómeno tan nuevo que parece paranormal. Una huelga con escaso seguimiento que se cuenta como gran éxito. Una huelga que persigue objetivos sin contraparte. Una huelga que el poder considera inofensiva pero cuya intención es remover todo el sistema. Una huelga de polis buenos. Una huelga blanca sin conflictos ni juego sucio. Una huelga con foco de luz cálida. Una huelga particular y de segmento. Y todo esto pasa completamente desapercibido en la construcción del relato cotidiano lo que confirma que ningún relato político es natural sino construido y que su construcción no depende estrictamente de factores racionales sino fundamentalmente de la emotividad política. Si sientes que es un éxito probablemente lo sea. 

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