Hombre blanco, heterosexual de mediana edad busca partido de ultraderecha

La mitad de los americanos blancos se siente marginado frente a las minorías. En sociología un hecho existe cuando un conjunto social cree que existe porque la sensación compartida es real y por tanto se convierte en una corriente de pensamiento.



Puede que esa sea la base del trumpismo. Devolverle a un segmento social la autoestima y decirle que no se va a ocupar de nadie más.
La izquierda que ha naufragado en su intento de proponer un sistema económico alternativo se aferra a las luchas de segundo nivel. La diversidad se compone de un conjunto de minorías que conforman una mayoría desagregada. Así que la izquierda se construye sobre una arquitectura de fragmentos que se van sumando pero no alcanzan a tener un nexo común sólido. Tienen una teoría liberatoria que los cose, un viaje de empoderamiento que les es común pero no construyen un vínculo sólido que los haga ecualizar correctamente el coro común.

Todas las causas parciales tienen un punto en común. Todas se desocupan de los hombres blancos, heterosexuales de mediana edad que quedan así huérfanos de cariño ideológico. Hay ofertas ideológicas específicas para mujeres, razas diversas y opciones sexuales de todo tipo pero no hay una oferta -en términos explícitos, directos y mercantiles- pera los hombres blancos heterosexuales de mediana edad. Es evidente que no necesita un refuerzo o una discriminación positiva quien ocupa la cúspide del sistema social pero la razón y las emociones van por caminos diferentes. Y los hombres blancos heterosexuales de alguna manera notan que nadie se ocupa de ellos de manera específica. Se sienten atacados por ser hombres frente a los nuevos mordiscos del feminismo sobre las cuotas de poder. Se sienten atacados por ser heteros en un mundo donde parece que todo lo gay es guay. Son atacados por ser autóctonos frente a los nuevos llegados de otras latitudes a los que se les exige un respeto de medida asimétrica que no siempre es recíproco. Se sienten atacados por su condición de blancos comparándose con los intentos de discriminación positiva hacia el resto de etnias o razas.
Hace tiempo que la izquierda dedica mucho tiempo, energía y presupuesto a las minorías y su empoderamiento. Es lógico. Es su naturaleza. Lo difícil es controlar cuándo surge la patología política basada en la intensidad, frecuencia y duración. Si los hombres blancos heterosexuales se sienten maltratados políticamente no harán un ejercicio racional de renuncia de privilegios. Lo más probable es que hagan un ejercicio emocional de afirmación.
La categoría hombre blanco heterosexual no es un conjunto poblacional sino un vector ideológico que se corresponde con el concepto de "normalidad" que tiene cualquier pensamiento conservador. No se trata de que los hombres blancos heterosexuales se sientan de una manera o de otra sino de que la ideología que subyace a esos elementos de género, raza y opción sexual se rebele contra lo que considera una discriminación. En un entorno polarizado se pierde la continuidad ideológica y se pierde el equilibrio. Cuando las relaciones se tensan entre los diferentes modelos de convivencia lo primero que se rompe es la convivencia. Si ese conjunto conceptual busca defenderse de lo que considera un ataque la respuesta será dura e intensa. La historia no se repite pero rima.

Entrades populars d'aquest blog

La derrota ideològica del valencianisme polític

Los niños cebra: cuando la inteligencia se convierte en un problema

La prepolítica