Ficción social y comunicación política

En la comunicación política clásica el periodismo parece el eje más importante. La mayor parte de instituciones y partidos tienen gabinetes de comunicación integrados por periodistas. Esa unión entre periodismo y comunicación política ha hegemonizado el tipo de comunicación que se emitía y se emite desde los principales actores políticos. Así, la batalla se libra intentando gestionar y controlar el tipo de texto y la manera de contar la realidad de los medios afines y antagónicos. Esta situación es tan hegemónica que parece la única posible. Sin embargo, no es así. Hay varios tipos de profesionales de la comunicación que podrían intervenir en el proceso comunicativo político y sin embargo ahora mismo son minoritarios o inexistentes. Entre ellos: el guionista político. 



En otros posts analizaremos si tiene más sentido que los gabinetes de comunicación política tengan periodistas o publicistas. También para otro momento dejaremos si la comunicación política requiere tener conocimientos de ciencia política combinados con los comunicativos y qué espacio dejaría eso para los politólogos. Hoy nos centraremos en las posibilidades de la comunicación política en su vertiente más experimental.

¿Puede un partido político hacer una web serie? ¿Un programa de imitaciones? ¿Un programa de sátira política? ¿Tiene sentido que un partido político contrate guionistas?

El caso de Catalunya y su deriva del catalanismo al soberanismo podría explicarse también a partir de elementos de ficción social. Es indudable el papel central, básico y hegemónico de la construcción del relato informativo. Sin embargo, los informativos en el formato áudiovisual, que va a ser el yacimiento más importante de comunicación política en los próximos años, siguen ocupando un espacio comprimido del prime time. El resto suele ser ficción y entretenimiento. Y en ese espacio cabe también la comunicación política.

En España el caso de El Intermedio, con un registro satírico, es el más paradigmático de cómo la ficción social puede complementar la construcción del relato político. Hasta ahora es un registro no aceptado por los partidos políticos salvo Podemos. De hecho el caso de Podemos es inverso ya que el partido crece alrededor de un proyecto audiovisual llamado La Tuerka que ya contaba hace años con espacios de ficción social y sátira política.

Volviendo al caso del "procés" desde el centralismo español se acusa de adoctrinamiento a Catalunya mirando la paja en el ojo ajeno. Sea o no adoctrinamiento, la influencia sobre la creación de un concepto propio, la aparición de un sujeto colectivo asentado y diferenciado, no se puede explicar sin el caso de Polònia. Polònia ha conseguido dos objetivos primordiales de cualquier ente político que aspira a serlo: construir una agenda política endógena y construir una versión de la realidad entrando a través de las emociones (humor en este caso). En efecto, la agenda política catalana ha conseguido el foco necesario no solo a través de los informativos sino a través de Polònia. Los vídeos compartidos en redes han sido muchos. Polónia ha servido a catalanes y ha servido al resto de España para aportar algo de mínima disidencia en temas tabú como la monarquía. El humor como siempre es la vanguardia de la disidencia.

Por otro lado, el éxito de Merlí es un éxito generacional que ha trascendido las fronteras de Catalunya y que ha conseguido contar una Catalunya diferente a la versión construida desde la meseta. Es probable que haya hecho más por la integracion de Catalunya en España Merlí que cien cargas policiales. Su hilo conductor filosófico y la ntensidad emocional intercambiable para cualquier adolescente del mundo puede ser la mayor aportación al "nacionalismo cosmopolita" que el procés ha intentado transmitir. Muy probablemente no ha sido una estrategia deliberada pero la interacción a veces manda y el anclaje de contexto determina la interpretación del mensaje.

Con estas premisas quizá los partidos políticos deberían plantearse si esa comunicación política textual, racional y consciente podría complementarse con alguna iniciativa de ficción social. Hoy en día es posible construir formatos audiovisuales con buen resultado con medios baratos. Lo que haría falta es algo de creatividad e imaginación y mucha valentía para ser los pioneros. Un buen guionista es capaz de generar más emociones que un montón de cifras y porcentajes puestas con emotíconos en la pantalla.

La ficción social permite dar un rodeo antes de asentar una determinada idea. Permite entrar por la puerta de atrás. Lógicamente existe el riesgo de trivializar lo político y llevar el entretenimiento hasta los rincones más oscuros pero ese riesgo ya ha sido ampliamente asumidos por los debates de "gladiadores mediáticos" como La Sexta Noche. Si se hace con profesionalidad y con sentido político la ficción social puede ser útil como el Guiñol contribuyó a entender mejor la política española.

¿Podría Compromís hacer una sit-com donde quedaran retratados diferentes personajes con perfil político? ¿Podría Podemos hacer un "Vaya semanita" con parodias sociales? ¿Podría el PSOE hacer un Polònia o un Guiñol? ¿Puede ser útil un guionista para la comunicación política?

 A las personas que no se tomen en serio la creación de nuevos formatos audiovisuales en la comunicación les recordaría algunos casos de ficción social de carácter ideológico con los que hemos convivido. "Enredos de familia" fue una serie de los ochenta donde Michael J. Fox encarnaba al hijo republicano de una pareja de demócratas que justo retrataba el final del paradigma socialdemócrata de los setenta. También podríamos mencionar series como "Los problemas crecen" "La hora de Bill Cosby" "Padres forzosos" o "Blossom" que empezaron a romper roles en el interior de las casas y expandir una nueva concepción de la educación menos autoritaria de la que ahora empezamos a ser "víctimas". La importación de valores norteamericanos no es el único caso. Cabria recordar el papel de Jacques Cousteau o de Félix Rodríguez de la Fuente en el nacimiento y eclosión del movimiento ecologista. Convendría reflexionar, pues, sobre la importancia de la ficción social y los formatos de realidad desvelada en el ámbito ideológico.

Puede que ningún político se atreva a ser el primero pero entonces les ganará la carrera Youtube porque alguien encontrará en el formato audiovisual ese nicho de ficción social e ideológica que ahora ocupan los memes. En realidad, la ficción social audiovisual será como un memé estirado. Si no los haces tú, te los harán.






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