España entre la enfermedad del futuro y la enfermedad del pasado

El independentismo catalán ha enfermado de futuro. Han construido un futuro idílico e imaginario que persiguen huyendo de su presente a una velocidad completamente desbordada. El nacionalismo castellano ha enfermado de pasado volviendo a los dogmas imperiales, la imposición y el desapego. Así es imposible construir un presente en positivo. 



Para rebatir los delirios independentistas alguien pone en Barcelona a Manolo Escobar en el balcón a toda voz. En la carcel de Soto del Real donde están los Jordis alguien hace lo mismo para intentar "molestar" a los independentistas catalanes. Ninguno de ellos se da cuenta de la metáfora con la que está trabajando. Manolo Escobar es el ícono de una época, la dulcificación patriótica y folkórica de una epoca fúnebre y terrible para la convivencia de las gentes en España. No tengo nada en contra de Manolo Escobar, de hecho me recuerda mucho a mi abuelo y eso no deja de ser agradable pero no es el símbolo de la España moderna que podría atraer a un público catalán que todavía no se ha fanatizado. Manolo Escobar no es la idea. Quizá lo sea Vetusta Morla o Love of Lesbian que precisamente son catalanes y tienen letras preciosas en castellano que se insertan en el rabioso presente de la diversidad y complejidad de las sociedades occidentales del siglo XXI. Manolo Escobar es una simplificación antigua. Ni siquiera Vintage. Vieja. Antigua. Usar el retrovisor nunca es una buena manera de hacer política. La política se hace siempre desde el presente. A veces es así de triste porque impide ver el horizonte. Pero la política se basa en mirar siempre donde pones el siguiente paso.

En Catalunya mientras tanto hacen el cuento de la lechera económico. Todavía no he visto ni un solo estudio económico riguroso que convenza de la mejora. Ojo, no de la viabilidad (claro que una nación catalana es viable), sino de la conveniencia, oportunidad y beneficio de ser un estado independiente. Mientras tanto prometen la vida eterna, la eterna juventud, la convivencia lingüística pacífica, construyen una legitimidad alegal desde la ilegalidad de un pleno vergonzoso del Parlament. Y lo hacen a una velocidad desproporcionada. Cualquier proces de construcción nacional lleva décadas pero algunos quieren aprovechar la inercia del gran impulso del golpe del PP a un Estatut aprobado y consensuado para cabalgar a lomos de una revolución que nunca acabaría. Un incoformismo patológico de la CUP que ha inundado las calles que seran siempre suyas. Siempre. Como si algo fuera para siempre. Catalunya no se reconoce en España y para eso ha construido un espejito mágico que siempre le dice que es la más bella de todo el reino.

Nadie parece vivir en el presente. Sin embargo, interpretar adecuadamente la pulsión social del presente es la mejor manera de ganar unas elecciones. Lo hizo Suarez, lo hizo González, lo hizo Aznar, lo hizo Zapatero. El único que no ha pulsado nunca bien el presente del país es Rajoy. Rajoy y Puigdemont no son elementos simétricos como nos muetran las noticias. Rajoy tiene que pensar por el todo mientras Puigdemont se puede permitir el lujo de pensar por la parte. Rajoy está obligado a generar pegamento para todo el estado. Pero Rajoy nunca ha sabido analizar la realidad española. Simplemente no se presenta al examen porque no necesita aprobarlo. No comparece. Habla solo. Sin preguntas. Las preguntas generan dudas y él es un hombre de certezas.

El ascenso de Ciudadanos y Podemos haría pensar a cualquiera sobre las grietas sociales que hay que rellenar con pegamento político. Alguien debería pensar en el presente. Los equidistantes de ahora son quizá los únicos que entienden un presente continuo. Liberar a España de su pasado. Bajar la fiebre de futuro de Catalunya para entrar un espacio de diálogo sobre el presente. Construir una España moderna con nuevos cimientos sin la libertad vigilada del 78. No puede ser tan dificil volver a repensar las reglas de convivencia si lo hicieron gentes que tenían heridas de guerra en el cuerpo y en la memoria. El presente debe ser serenidad y análisis, templanza y lentitud pero movimiento constante. No puede ser tan dificil. 

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