El quinto penalty de Fernando Gómez Colomer

De pocos futbolistas se conocen tan bien los dos apellidos como de Fernando. Venía del mundial sub 20 de Rusia del 1985 cuando subió al primer equipo. La frialdad de Rusia congeló a Fernando. Resultaba tan frío que asustaba. Fernando Gómez fue el rey del futbol frío. 



Cuenta la leyenda que en algunos rincones de Mestalla todavía se oye la frase "Si Fernando fuera más rápido... " Si Fernando hubiera sido más rápido quizá no lo hubiéramos disfrutado tanto. Más de 500 partidos con la misma camiseta es uno de esos récords que el fútbol moderno solamente consigue con talonarios. Fernando era lento ¿y qué? Pero pinchaba los balones que caían del cielo en un solo toque. Armaba voleas estáticas que parecían ballet clásico. Lanzaba balones largos como un quarterback de fútbol americano que resuelve problemas de física en el epacio tiempo como un premio Nobel. Cuando todavía un pase largo no era rifar la pelota. Que tiempos aquellos.

Cuenta la leyenda que Fernando era puro cerebro. Pensaba los toques. Trotaba sin cesar leyendo el partido. Dicen que una vez alguien le vio esprintar. Yo no lo creo. ¿Para qué? No lo necesitaba. Llegaba antes que los demás a cualquier parte porque sabía donde quería ir. Fernando era ese capitan cuyo brazalete ensancha el brazo de quien lo lleva. El capitán educado y formado en la facultad de Económicas de Valencia que era una fábrica de liberales de ultracentro de mediados de los noventa.

Cuenta la leyenda que un día de Enero de 1992 Fernando quiso congelar las olimpiadas de Barcelona. Ese día fue quizá la mejor fotografía congelada de Fernando que permanece oculta en algun anuario de Dinámico. El Valencia visitaba el Camp Nou con una ventaja de 2-0 en Mestalla. Era la vuelta de octavos de final de la Copa del Rey en la época presilbidos al Rey. Ese 2-0 parecía una buena renta para atrincherarse bajo palos y aparcar el autobús. En el minuto 20 de la primera parte el Barça ya nos había metido tres. Fernando seguía frío. Inalterable. Con el gesto serio de siempre y la expresión comedida, casi científica. Una mente de calculadora.

Antes del descanso Lubo marca el gol de la esperanza. Estamos dentro de nuevo. Pero ya no vale la trinchera. Ahora hay que pelear a los puntos. No parece haber K.O. posible aunque con García de Loza, el condeduque del arbitraje, todo podía haber pasado. En el descanso Fernando trata de enfriar a sus compañeros.

Laudrup marca nada más empezar la segunda parte. Volvemos al precipicio. Estamos fuera hasta que Arroyo se aparece en un altar marcando en el 89 el 4-2. Pròrroga.

La pròrroga se convierte en uno de esos partidos locos que acaban en locura. Todo acaba en el pelotón de fusilamiento de una tanda de penaltys. Y Fernando sigue frío. Sempere le para el penalty a Nadal. Pero Fernando sigue frío.

Había pedido tirar el último. No lo dejo a elección de nadie. Dijo el último. No el tercero. No el primero. El último penalty. El quinto. Coge la pelota. La pone en el punto de penalty. Mira a la portería, mira a la escuadra, y la enchufa justo ahí.

El quinto penalty en el Camp Nou hizo pasar al Valencia a cuartos. Cualquiera que haya tirado un penalty sabe que tienes la tentación de pegar fuerte y asegurar que vaya dentro, de pegar de interior y asegurar que vaya a un lado. Lo que nadie te asegurarà jamás es que un penalty que se tira a la escuadra entrará por la escuadra. Solamente un jugador que aprendió del frío puede creer eso. Y solamente uno lo hizo. 

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