Pantallas individuales e hijos terroristas

Parece que la sorpresa ha sido la nota predominante respecto a los autores del atentado de Barcelona. Los vecinos hablan de jóvenes plenamente integrados e incluso sus familias no podían imaginar que eso fuera posible. En ese momento me surgió una pregunta ¿puede un padre no enterarse de que su hijo es terrorista? ¿Por qué? ¿Cómo?  



Es indudable que las tendencias ideológicas de los hijos trasciende la mera herencia política o religiosa pero la situación requiere un análisis más allá de la sorpresa. 

La distancia generacional ha existido siempre. El fenómeno adyacente a la modernidad líquida es la segregación generacional e incluso la fractura generacional. En esta fractura generacional influye mucho la fractura digital y para mi un fenómeno que está pasando desapercibido: el paso de la pantalla compartida a la pantalla individual. 

En mi infancia y en mi casa había una sola pantalla. Era una pantalla compartida. A veces se distribuía en usos según los tramos horarios. Así los dibujos eran de 15,30 a 16,00 y después empezaba la película y previamente había un telediario. La pantalla era compartida. Eso quería decir que los adultos accedían (no tenían más remedio) a contenidos infantiles y los niños accedíamos (cuando nos dejaban) a contenidos adultos. Además los creativos se las debían ingeniar para hacer lo que se llamaban programas familiares como 1,2,3. Compartir un relato y una narrativa, un ritmo y un prisma es más importante de lo que parece. Constituye un mecanismo de comunicación interpersonal y de creación de agenda mediática. De alguna manera todos teníamos temas comunes sobre los que hablar y las maneras de mirar eran parecidas. Los padres se enteraban y controlaban los contenidos de los hijos y los hijos accedían a un aprendizaje vicario por imitación según contenidos parecidos a los que veían sus padres. Es decir, que un padre y un hijo podían hablar con un mismo lenguaje y de temas semejantes. Un padre te podía mostar su música y tú le podías mostrar la tuya porque solamente había un tocadiscos en la casa. 

La pantalla se fue individualizando con la aparición de las televisiones en las habitaciones y las cocinas. Aún así, la gramática visual seguía siendo una gramática más o menos común aunque segmentada. Es decir, para un adulto era fácil acceder a contenidos de jóvenes y todos los jóvenes tenían denominadores comunes de contenido. Veíamos lo mismo, de la misma manera para hablar de temas parecidos. No entraremos hoy en lo que supone todo eso de control del pensamiento. 

La diversidad de pantallas individuales e incluso el fenómeno multipantalla tan frecuente hoy en día ha hecho saltar en añicos todo el andamiaje de la pantalla compartida. Cada miembro de la familia puede convivir pero vivir realidades mediáticas diferentes. Cada pantalla es un mundo autoelegido y no compartido y cómodo. Un mundo en el que es fácil reforzar creencias limitadoras o esparcir mensajes sectáreos. 

El fenómeno actúa en dos vertientes. Por  un lado aisla socialmente. La pantalla individual te permite estar en permanente contacto con aquellas personas con las que quieres estar en contacto y rechazar aquellas con las que no. Lo vemos cada día con los adolescentes que pasan de los adultos y prefieren mirar la pantalla que es donde están sus amigos. Además la pantalla individual actúa de foco iluminando una cueva. Realmente solamente ves aquello que la pantalla individual te enseña. Y no ves nada más.  

En esa situación que un imán aparezca y te convenza de un atentado no es más que la más trágica y extrema de las experiencias porque la pantalla individual tiene consecuencias en la vida diaria. Y que el padre no se entere entra dentro de la dinámica social de aislamiento e individualismo de la que la pantalla individual no es más que una pantalla más, nunca mejor dicho. Los Youtubers se han convertido en los nuevos amigos de nuestros hijos y los están educando más que nosotros, la capacidad de influencia intergenacional ha desaparecido a favor de la capacidad de influencia intrageneracional. 

Miramos pantallas diferentes y por eso vivimos realidades diferentes. La pantalla son unas gafas que convierten a los demás en avatares de sí mismos. Gente ajena que puede ser desposeída de su humanidad. Como el parabrisas de una furgoneta se parece a la pantalla de un videojouego violento.

Un adulto ya no está obligado a ver la misma pantalla que su hijo y su hijo no quiere ver la misma pantalla que el padre. Padre e hijo viven realidades diferentes aunque convivan en el mismo espacio. Incomunicación de destrucción masiva cuando el fanatismo anda suelto en el nuevo salvaje oeste. La pantalla guarda secretos fáciles de descifrar. Pero solamente cuando otra persona mira la misma pantalla que tú. Entonces eres transparente. 

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