Juana y el fanatismo

La primera vez que apareció la noticia de Juana Rivas y su negativa a entregar los niños al padre italiano me sorprendió el fanatismo de adhesión inmediato. Muchas de las mujeres de mis redes sociales optaron rápidamente por subirse a la ola mediática de #Yosoyjuana y #Juanaestáenmicasa. A mi me llamó la atención la viralización gregaria y el efecto contagio de rebaño tan inmediato a pesar de que en la noticia había cosas que llamaban la atención. Había cosas raras. 



La primera cosa rara era que se señalaba como maltratador a una persona por su sentencia de maltrato de 2009. Intenté recordar como era yo en 2009 y pensé si una persona condenada en 2009 que ya ha cumplido su condena es para siempre un maltratador. Desde 2009 han pasado ocho años, tiempo suficiente para que una persona cambie (o no)  muchísimo.

La segunda cosa rara era que no había versión de contraparte, es decir, toda la noticia se basaba en la versión de ella. Sobre él había un silencio absoluto, lo que resultaba extraño teniendo en cuenta que la justicia le había dado la razón. No había dialéctica y por formación en derecho sé que la verdad se esconde siempre tras dos versiones.

La tercera cosa rara y la que me hizo sospechar para estirar del hilo fue que había una "asesora jurídica" que era la portavoz del tema. Lo normal en estos casos es que hable la abogada o abogado. Sin embargo, aparecía una autodenominada "asesora jurídica" que se erigía en consejera y portavoz. Esto es como mínimo una anomalía suficiente como para estirar del hilo y embarcarte en el escepticismo.

Me puse a navegar desde el escepticismo de saber cómo funciona el periodismo. Al periodismo nunca nadie le puede recriminar nada porque su coporativismo les hace ser bastante protectores pero no hay que perderse la relación entre periodismo y derecho, y sobre todo, la relación entre periodismo y verano. En verano hay poca gente trabajando y menos noticias así que las que hay se deben explotar al máximo. Hace tiempo que los informativos se montan exactamente igual que una serie o una película: se guionizan. Y el caso Juana revestía todos los elementos para ser el mejor culebrón del verano. Una madre "coraje", un nudo narrativo de máxima audiencia como la violencia de género, un padre italiano, una injusticia burocrática (que eso mola mucho en España) y un largo etcetera de personajes secundarios dispuestos a intervenir, entre ellos y destacando la gran actuacion estelar como mejor secundaria de la gran "asesora jurídica". Así pues, cualquier productor hubiera optado por esta historia y asi lo hicieron todas las cadenas.

El periodismo de verano (una modalidad discapacitada de periodismo) fue avanzando en el tema lentamente, primero una sola versión corta, luego una sola versión larga, luego dos versiones, luego la versión jurídica. En todo ese camino, yo simplemente defendía en redes el escecpticismo, es decir, que el caso tenía elementos suficientes como para dudar. Pero en seguida fuí situado en el mundo de los machistas, cómplices de asesinatos, encubridores del patriarcado. Lo cierto es que sigo situado en el escepticismo porque no creo ninguna versión de los implicados.

Cuando un caso de este tipo salta a la fama, aparecen nuevos personajes en la historia. Aparecen los oportunistas, despachos de abogados que venden una esperanza, otras veces son gabinetes médicos que ofrecen una esperanza. Los vendedores de esperanza son habituales cuando la desesperación se expande. Así aparecen los recursos al Constitucional que son rechazados pero generan gastos que imagino que se resolveran -como siempre en estos casos- con una colecta ahora llamada Crowdfunding.

La visión jurídica. 

Desde el principio llama la atención que una persona que ya ha cumplido condena hace ocho años siga siendo considerada un maltratador con total naturalidad. Es un estigma que acompaña para siempre aunque se haya cumplido una condena y esa condena sea de tres meses. Llama la atención que una persona que considera que es pareja de un maltratador vuelva con él tras tener una relación con otro hombre. Llama la atención que se vaya a Italia y abandone toda red de protección familiar y social. Llama la atención que tenga otro hijo con él. Pero todo eso puede considerarse dentro del síndrome de Estocolmo de un maltrato.
Sin embargo, un juez que analice el caso se encuentra ante esta situación. Los niños tienen residencia en Italia. En Italia no hay ninguna denuncia por maltrato dado que Juana decide presentar la denuncia en España y esta denuncia tarda en tramitarse un año. Mal consejo fue presentar la denuncia en España. Cualquier instancia jurídica exigiría el retorno de los niños a su residencia habitual. No hay base para decidir lo contrario.

A partir de ahí alguien decide asesorar a Juana que huya. Entramos en un apartado que considero definitivo. Juana está asustada. Hay dos versiones, la que dice que él la trataba fatal de palabra (nadie ha mencionado episodios de violencia física) y la que dice que ella es una desequilibrada (tampoco hay ningún informe médico que lo acredite). Alguien decide asesorar a Juana que huya y no entregue a los niños y paralelamente monta un fenómeno multitudinario de presión social. Emerge la figura de la asesora jurídica que toma un protagonismo feroz en esta historia. Cuando alguien está asustado o emocionalmente muy afectado (Juana sale llorando en todas las imágenes de la noticia) es muy importante que haya una persona fría cerca, certera y con conocimientos. No parece ser el caso ya que los consejos que ha recibido Juana han sido cada cual peor. La táctica de no entregar en primera instancia podría haber servido para poner el foco en el tema y evitar cualquier peligro para los niños pero no fue así. La decisión había sido convertir en fugitivos a Juana y a los niños.

Con esa decisión aparece una nueva vía jurídica. La primera era civil para decidir la custodia. La segunda vía ahora es penal. Y la responsabilidad penal es unipersonal. Se estaba pidiendo a Juana que se sacrificara por una causa. Se la quería convertir en una mártir de un servicio ideológico.
Este paso es determinante porque implica asumir una responsabilidad penal con riesgo de cárcel pero también asumir un montón de gastos derivados del caso por condena en costas, abogados de las dos partes, billetes de avión, estancias. Y lo peor asumir el riesgo de acabar en la cárcel y sin niños.

De manera que el panorama jurídico se compone de una sentencia aceptada por el condenado en 2009 y cumplida. Una salida de Italia con los niños sin retorno en 2016 por parte de Juana. Una demanda del padre para que devuelva a los niños al domicilio familiar. Una denuncia de malos tratos presentada en España sobre hechos acaecidos en Italia que se ha tramitado hace unos días y todavía no ha llegado a Italia. Ningún órgano jurídico español puede dictaminar sobre la custodia compartida de alguien que vive en Italia. Puede tramitar denuncias penales de maltrato pero simplemente para remitirlas al país donde se produjeron los hechos. Ahora mismo Francesco no se ha demostrado que sea un maltratador pero lo que sí parece claro es que Juana se ha llevado a los niños sin permiso del otro progenitor. Otro gran asesoramiento ha sido que lo admita por escrito en una carta. El proceso civil es en Italia y el penal sí es en España con lo que Juana lo tiene muy complicado jurídicamente y más complicado si no está bien asesorada. Todos los abogados excepto su asesora jurídica le recomiendan que se entregue. Cinco instancias jurídicas españolas se lo exigen.

La visión ideológica

El tema cuadraba muy fuertemente con corrientes subyacentes ideológicas. El lobby feminista ya se encuentra asentado en España con posiciones de poder y arquitectura suficiente. Se trataba de un extranjero europeo del sur que cuadra con un mayor machismo. Cuadraba en el tiempo porque una de las medidas recientes del Pacto contra la violencia de género hablaba de la custodia. Todo cuadraba para hacer un click, el de la supuesta desobediencia civil a las leyes injustas. En ese click está en juego mucha de la credibilidad del feminismo igualitario.

Hasta ahora las luchas feministas implicaban siempre una cobertura legal. Se trataba permanentemente de regular situaciones para amparar a la mujer. Más presupuesto, más medios, siempre con el amparo de normas de protección. Y no solamente eso, hasta ahora se trataba de seducir a la mayoría social, se trataba de colaborar entre géneros. Con el caso Juana se produce un cambio muy importante ya que se salta la norma y se trata de imponer una versión. Esa versión consiste muy esencialmente en que una madre sabe lo que le conviene a sus hijos por encima de cualquier otra consideración.

No es baladí el tema de la maternidad en la actualidad en España. La maternidad se ha convertido en un fenómeno sagrado, sea porque así una persona se completa y para ello hay que disponer todos los medios (maternidad subrogada) sea porque existe un vínculo sagrado superior a lo legal que permite discernir a las madres lo que es mejor para sus hijos incluso por encima de la ley. Este era otro encaje narrativo fundamental, cualquier madre empatiza con otra que protege a sus hijos de un "monstruo violento". Eso encaja perfectamente salvo que nadie ha demostrado en sede judicial que Francesco lo sea.

Lo cierto, es que una interpretación personalísima y entre lineas, es que alguien ha decidido elevar la circunstancia concreta a categoría y convertirlo en una lucha ideológica donde Juana es la rehén necesaria para ganar una batalla ideológica contra el patriarcado. Patriarcado presente en todas partes, en las normas, en la judicatura, en las calles, en las redes. Todo es patriarcado. Han escogido a Juana como el sacrificio a la gran diosa feminista. Fin de la interpretación personalísima.

Lo cierto es que el feminismo como causa no necesita ningún sacrificio más que el de las decenas de mujeres asesinadas cada año por monstruos violentos. No necesita ningún sacrificio más para justificar su existencia y conveniencia. Hay millones de razones en el día a día que no necesitan que Juana se convierta en una fugitiva.

Las consecuencias. 

La asesora parece disfrutar del protagonismo que le ha dado el tema. Se le nota esa grandilocuencia en las ruedas de prensa. Decenas de personajes públicos y políticos de izquierda a derecha han mostrado su apoyo a una fugitiva poniendo en duda su creencia en el sistema judicial español. Ningún estamento judicial español le ha mostrado la más mínima esperanza a Juana de que puede salir victoriosa o indemne. Pero el fanatismo continua activo como si la causa fuera abstracta, como si la lucha fuera virtual, pero se trata de la vida de Juana y dos niños.

Siguen apareciendo versiones y siguen apareciendo cosas raras. Aparece un exnovio de Juana para aportar su apoyo pero en su voluntad se le escapa que se fueron a viajar por Asia durante cuatro meses y que el niño lo dejaron con Francesco. Cuatro meses con un maltrador parece mucho tiempo para irse de viaje. Un poco raro también. Y cuenta el exnovio que acudieron a tres instituciones y en ninguna les hicieron caso hasta que la "asesora jurídica" se convirtió en adalid de la justicia. También parece raro teniendo en cuenta la sensibilización actual sobre ese tema. En realidad es todo raro, pero no tan raro como para que cualquiera de nosotros no conozca algún caso así en el que los divorciados-separados que comparten hijos malmeten sobre el otro cónyuge, se hablan mal o no se hablan, se celan de nuevas parejas. Eso no justifica nada pero sirve para medir si la repercusión mediática es equilibrada o ha sido deliberadamente magnificada sacándola del ámbito judicial de donde nunca debió salir.

Las consecuencias de convertirte en una fugitiva es dimitir de tu vida. No poder ir al médico, no poder asistir al colegio, no viajar, no ir a la playa, no jugar, no salir a la calle, no ir a la compra. También contar alguna versión a los niños que resulte creíble y defendible, esconderlos, que pasen miedo. Y todo sabiendo que no hay ninguna posibilidad jurídica de vencer en España.

Ayer Juana decidió enviar una foto con sus hijos lo que en términos virtuales supone poner una losa sobre su reputación digital. Esos niños para siempre tendrán esa foto en google. Conviene a su causa porque es la perfecta imagen de la madre que cuida a sus hijos pero no está siendo bien asesorada. No tiene nadie cerca que la ayude de verdad. Comete un error detrás de otro y el fanatismo de algunas personas la alienta desde el egoísmo de saber que las consecuencias las sufrirá ella.

Porque dentro de unos meses Juana solamente será el ninot de falla que quemó el fanatismo de una causa que no necesitaba quemar nada. La que arderá será ella y con ella sus hijos.


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