Cosas que conocemos y desconocemos sobre el nuevo terrorismo

España podría ser una de las referencias en la lucha antiterrorista. Nuestras policías han tenido que luchar durante muchos años contra el fenómeno del asesinato ideológico. De hecho cada español debería tener experiencia acumulada respecto a cómo responder frente a la violencia fanática. Sin embargo, parece que no hemos guardado esa información en nuestro ADN social colectivo. En las reacciones del atentado de Barcelona surgen preguntas y reacciones que solamente se pueden entender como un ejercicio de desmemoria unido a otro de estupefacción. 



Cosas que ya deberíamos saber. 

El objetivo de un ataque terrorista es sembrar miedo, discordia y confusión. Por lo tanto, nuestro objetivo debería ser reducir los tres vectores. De ahí que la primera intención haya sido el famoso "no tinc por" a pesar de que era evidente que sí que tenemos miedo. Respecto a la discordia, se trata de la famosa llamada a la unidad que ha funcionado regular teniendo en cuenta la cantidad de discordias secundarias (lingüística, territoriales, policiales, administrativas y de protagonismos) que ha habido. Y sobre la confusión merece un artículo aparte respecto a las redes sociales pero digamos que los medios mainstream han sucumbido al negocio y la velocidad en lugar de comprometerse con la información y la sobriedad. Tres de tres. Hay mucho que aprender. 

Un grupo terrorista requiere para subsistir un sustrato ideológico y cultural, una red social de apoyo y financiación. Y para resolver la cuestión deben afrontarse las tres. Aquí cada perfil político pone el acento en unas y calla en otras. La corrección política pone el foco en la financiación que proviene de Arabia Saudí y el tráfico de armas. Sin embargo, no subraya la segunda parte, el choque cultural que supone la extensión e inclusión del Islam en las sociedades occidentales haciendo que todo el peso recaiga sobre las sociedades integradoras. El Islam tiene una reponsabilidad muy alta en la dificultad para integrar a sus miembros en sociedades occidentales y en segregar a sus miembros del resto de la sociedad. El Islam no es terrorismo pero el terrorismo crece entre las ramas del Islam. Y el Islam tiene mucho que hacer para resolver el problema más allá de las declaraciones y los abrazos. Hay que ser exigentes con todas las religiones para que contribuyan a la convivencia. 

Sobre la red social de apoyo parece que cada vez es menos importante a tenor de la tipología de neoterrorismo que ha adoptado el yihadismo. Parece sorprender que los autores sean "gente normal". Ya fue frecuente la entrevista a la vecina del comando de ETA que decía que parecían buenos chicos y que eran muy educados. La sorpresa respecto a quiénes eran los autores y si estaban o no totalmente integrados en nuestro país no deja de tener algo de ingenuidad, los asesinos ideológicos suelen ser "gente normal" hasta que se convierten en asesinos. Respecto a su edad tampoco debería sorprendernos que sean jóvenes ya que son los más fáciles de reclutar para una misión de "gloria". La adolescencia y la juventud son épocas de grandilocuencia donde todavía no se ha abandonado el narcisismo infantil y se contemplan horizontes adultos con gran optimismo. Gente joven normal es lo que integraba los comandos de ETA, habían crecido "entre nosotros" y se habían convertido en asesinos para salvar su patria. No es tan diferente. Ya han nacido aquí. Son parte de nosotros y se convierten en asesinos. Es el mismo esquema. ¿Por qué no iban a hacer el mismo trayecto que un joven vasco fanatizado?

El debate sobre la cobertura informativa de los atentados es un debate viejuno en un país que ha convivido tantos años con el terrorismo. Hay que informar sin regodearse en el dolor. Los excesos informativo no vienen solamente de las imágenes que al fin y al cabo muestran algo que realmente ocurrió sino también de los artículos que se regodean en el dolor individual y personal con historias de vida de víctimas y héroes que convierten el atentado en algo épico. Y eso es exactamente lo mismo que pensaron los autores a la hora de cometerlo. En una cierta épica de la batalla y la guerra. Ya sabemos hace tiempo que los terroristas buscan la luz de las cámaras para que el terror se extienda pero también sabemos que la información es nuestro mecanismo para aprender a defendernos. El debate del equilibrio informativo se debe centrar en la profesionalidad, de manera que la gestión de información de un atentado debe estar en manos de profesionales y los demás deberíamos guardar silencio de precaución. Pero en las redes sociales todo el mundo habla de manera precipitada. Habrá que enseñar a guardar silencio y seguir las fuentes oficiales. Esperar antes de hablar. La muerte debería hacernos enmudecer y no chillar. El silencio es la mejor muestra de duelo y ayuda para capturar a los terroristas. Hay que aprender a callar. 

Cosas que desconocemos 

El nuevo terrorismo ya no es militar sino de guerrilla. Estamos acostumbrados (ETA e IRA) a afrontar un terrorismo con referencias militares, a la estrategia de causar bajas en el otro bando minimizando los riesgos para los integrantes del comando con una jerarquia militar, a una logística planificada y subterránea. Ataques planificados, previstos y coordinados.
El nuevo terrorismo ha roto todos esos esquemas creando una guerrilla desconcentrada, una especie de franquicia a la que se otorga una marca y se deja actuar para asumir sus éxitos. Pensar que evitando la venta de armas se va a parar un atentado hecho con bombonas de gas, furgonetas, hachas y cuchillos es un poco ingenuo. El nuevo terrorismo usa cualquier arma a su alcance para hacer el mal y causar el terror. No hay una lógica militar. Ocupaban una casa cometiendo una ilegalidad, compraron bombonas de manera ilegal, alquilaron furgonetas de manera legal y compraron hachas de manera legal. No hay manera de parar todo eso evitando el tráfico de armas, aunque evitar el tráfico de armas sea una prioridad política que comparto. 

El nuevo terrorismo es completamente diferente. Su captación no se estructura en torno a una red amplia sino en pequeños nidos; desde el pequeño grupo fanatizado hasta el loco solitario. Sus actos parten de la desesperanza de buscar la muerte ajena y la propia como método de salvación y gloria eterna. El sacrificio por el colectivo que las religiones del libro exigen. No estamos preparados para afrontar locos suicidas que mueren matando. No hay prevención policial posible ante eso porque siempre existen desequilibrados mentales e ideológicos. No hay bolardos que paren a una persona con un hacha. No hay obstáculos que paren un coche que se sube a la acera. Es imposible controlarlo todo. 

Sin embargo, el nuevo terrorismo parece tener algún patrón de conducta. Atenta en espacios y momentos simbólicos. Niza el 14 de Julio, Londres y Barcelona en espacios turísticos de primera magnitud. Sí que parece tener sentido proteger esos espacios simbólicos donde el atentado tiene una mayor repercusión mediática. Bolardos sí, policias sí, pero no por todas partes. 

Sorprenden algunos debates colectivos en un país que conoce exactamente como funciona el terrorismo. El terrorismo tiene una lógica; es una lógica fanática, pero es una lógica. No es tan complicado ponerse en su lugar y determinar ciertos patrones. Los mecanismos de fanatización los tenemos muy cerca. Cada día tenemos más fanáticos cerca de todos los temas. Negarles una lógica a los fanáticos es un error porque impide usar la razón para combartir la sinrazón. El terrorismo tiene una lógica diferente pero tiene una lógica interna. Se trata de desenmascararla, desnudarla y desmontarla. 

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